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domingo, 7 de diciembre de 2025

La injusticia de las iglelsias y concilios en America Latina

Siempre he dicho que los pastores y ministros de Dios deben hacer un voto de pobreza.

Pero cuando hablo de un voto de pobreza no me refiero a que deban vivir una vida en la miseria y dejar que sus familias pasen hambre, desnudez, falta de medicina y de techo.
Me refiero a que los ministros que trabajan en el altar no deben tener ambición sobre cosas materiales. Es decir, deben vivir y estar conforme con lo que Dios y el pueblo les provean.
Hay dos modelos que sustentan este planteamiento. El primero es el del Antiguo Testamento y, el segundo, está en el Nuevo. En la época de Moisés se ordenó que los sacerdotes no debían recibir tierras ni cosas materiales. Pero la razón era que el pueblo mismo les proveería para todas sus necesidades. Y en el Nuevo Testamento el apóstol Pablo dijo que en teniendo pan y abrigo debíamos estar conforme. Nada de ambición.
Sin embargo, es responsabilidad de las iglesias y de los concilios no abandonar nunca a esos hombres.
Si un pastor ha consagrado toda su vida levantando y formando una congregación, entonces esa iglesia no debe cortarle su sustento y medicina aún cuando el ya no pueda subir mas al altar a predicar. La iglesia debe sostenerlo a él y a su esposa hasta el último día de su vida en la tierra.
Y aquellos que han entregado su ministerio a un concilio, de igual modo la organización debe cubrir sus necesidades perentorias mientras viva.
Bíblica y secularmente, constituye un acto de injustica, tanto ante Dios como ante las leyes constitucionales y orgánicas de los países, usar la capacidad, talento y vida útil de un obrero y luego dejarlo que se las arregle como pueda cuando ya esté incapacitado por edad y enfermedad para seguir trabajando o ejerciendo la labor o ministerio.
Dondequiera que eso ocurra, es una injustica de los hombres; nunca de Dios porque eso no es lo que indica su Palabra. Las Escrituras dicen que el obrero es digno de su salario. ¿Acaso deja de serlo cuando envejece?
Debe establecerse por norma inviolable que tanto las iglesias como los concilios provean para el retiro final del pastor y su esposa. Aún cuando la iglesia sea muy pobre, esta nunca debe dejar de pasarle un plato de comida al hombre que les alimentó toda su vida con la Palabra del Señor.
La realidad actual es preocupante en toda América Latina con ministros de Dios que lo han entregado todo durante su vida vigorosa y que, luego, los abandonan cuando ya no pueden más. Los dejan sin pan, sin techo, sin medicina y sin ningún tipo de seguridad social.
Su final es penoso y lamentable si no proveyeron algún ahorro o si no tienen algún hijo o familiar que se compadezca de ellos.
Conozco muchos casos así.
Es algo trágico, lamentable y una verdadera injusticia.
En conclusión, este es un problema que las iglesias y los concilios deben tratar seriamente y evitar que siga ocurriendo. De ser así, un joven tendrá que pensar muy bien antes de tomar la decisión de dedicar su vida, talento y energía a algo que lo abandonará cuando llegue a la vejez. El tiempo vuela rápidamente.
Creo que este problema no es por falta de recursos sino, mas bien, por la falta de voluntad en el liderazgo para establecer un sistema que salve la situación.

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