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martes, 25 de noviembre de 2025

El auto "devielao"

 


Mi primer vehículo aquí en Estados Unidos fue un Toyota Camry del 2011. Prácticamente me lo regaló un doctor miembro de la iglesia donde asistía. El le había comprado uno nuevo a su esposa.

Sin embargo, como no tenia permiso de licencia para conducir durante un par de meses no pude usarlo. Mientras el vehículo permanencia a la espera, yo pasaba trabajo caminando a pie en pleno frio y en la nieve.
Cuando llegó el día de montarme, entonces me cambió grandemente la vida. Eché el asiento para atrás e iba por las calles que no era yo y con mi esposa al lado. Estábamos felices. Ya no teníamos que esperar por nadie. Íbamos al trabajo en el, a la iglesia, a los supermercados y a los malls. Mi nieta mayor disfrutaba que la llevara a la escuela y la sacara a comer helados.
Era un vehículo en perfectas condiciones. La esposa del doctor no le había dado un mal uso y antes de entregármelo lo sometieron a un chequeo mecánico minucioso. No querían que me llevara un problema.
Luego compré otro auto para regalarle a mi hijo en New York el Toyota. El también sintió lo mismo que yo. Había dejado de tomar el tren y los buses para ir al trabajo. Recién casado salía a pasear con su compañera.
Años más tarde, tan agradecido quedé del vehículo que decidí comprar otro de la misma marca aun cuando tenia uno. Lo usaría para el trajinar diario mientras le conservaba las millas al otro.
Una mañana visité un vendedor de auto en la ciudad de Wallingford. El mánager nos mostró uno color gris y nos entregó la llave para probarlo. El hijo mío y yo nos montamos y dimos una vuelta a la redonda. El auto se veía muy bien y le sentimos un motor estable y con potencia. Cerramos el negocio y me llevé el aparato.
El domingo de esa misma semana cuando llevaba unas 40 millas conduciendo, de pronto el carro encendió las luces del tablero indicando chequeo del motor. Seguí conduciendo y antes de llegar a la casa prendió la luz del aceite. Me preocupé y llegué hasta donde un mecánico dominicano amigo de mi hijo. Tan pronto escuchó el sonido del motor el mecánico dijo que el vehículo estaba “devielao”.
¿“Que es eso?” le pregunté.
La respuesta fue que el aparato no servía. No podía creerlo. Mi hijo y yo lo vimos bien porque el dealer le había hecho un tratamiento al motor con aceite especial para esconder momentáneamente el problema.
El lunes llamé al agente vendedor y me dijo que el vehículo había salido bien de la agencia y que legalmente yo no podía devolverlo. Consulté un abogado y me dijo que los vendedores de auto hacen firmar un documento indicando que se compra el auto “tal como está ”. Eso indica que no hay garantía, que usted asume todas las responsabilidades desde ese mismo momento.
Me puse a pensar seriamente en el caso.
Decidí llevarlo a la Toyota para que le hicieran una revisión profunda y de ley. A mitad de camino se apagó en una intercesión altamente transitada. Llamé al 911 para que enviaran un oficial de policía de modo que me protegiera y a los demás conductores. La grúa lo depositó directamente en la casa fabricante donde determinaron que el motor no servía y que requería uno nuevo valorado en unos cinco mil dólares.
Con las especificaciones de la Toyota regresé al dealer. Me dijo que era problema mío y me reiteraba que yo había firmado. Llamé a la oficina de quejas de la financiera. La oficial me indicó que nada podían hacer. Tenia una deuda que ascendía a casi doce mil dólares y a la que se sumaría el costo del nuevo motor más la reparación.
“Tenemos veinte años en este negocio y nunca se ha recibido un carro para atrás”, me dijo el mánager. “Haga todo lo que usted entienda. En definitiva, el banco lo que quiere es que usted le pague su dinero”.
Efectivamente, empecé a recibir llamadas desde el banco en California y mensajes tanto electrónicos como del buzón normal.
Mi esposa y yo no dormiamos pensando en esto.
Escribí comunicaciones al procurador general del Estado donde vivo, a la oficina de negocios, al Departamento de Auto de Connecticut, a Protección al Consumidor y, por último, a la estación de noticias Telemundo.
Como bombas que estallaban al mismo tiempo, las notificaciones empezaron a llegarle al dealer. El Procurador General del Estado y el DMV abrieron una línea de entendimiento entre todas las partes y el canal de televisión pidió una entrevista. (Aunque en principio la famosa cadena no quiso proceder porque yo había firmado un documento aceptando el aparato como bueno y valido, le dije al director que había sido una estupidez de mi parte pero que debíamos informar a toda la comunidad, especialmente hispana, para que no caiga en la misma trampa. “Son millones y millones de dólares que gastan nuestras gentes trabajadoras en chatarras sin que nadie los defienda”, le dije al medio).
Temprano una mañana el concesionario me llamó pidiendo que fuera lo mas pronto posible a la oficina. Me dijeron que pagarían el dinero al banco, que recibirían otra vez el auto y que, “por favor” retirara todas las quejas contra la compañía.
Dejé el auto en el lote de vehículos y recibí la certificación de que ya el carro no era mío y que no debía un centavo al banco.
Al llegar a la casa, plácidamente me dejé caer en el sillón respirando tranquilo y en paz.

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