Desde que llegué a Santo Domingo desde la región este en los años 80s y hasta avanzado los 2000 nunca dejé de asistir a la convocatoria que hace el Ministerio la Batalla de la Fe los primeros de enero en el Estadio Olímpico.
Yo formaba parte de esa tradición evangélica-pentecostal.
En la sala de redacción del periódico Hoy dijo un día el veterano periodista don Francisco Álvarez Castellanos que el pastor Ezequiel Molina Rosario era el Papa de los evangélicos del Republica Dominicana.
Lo dijo porque claramente era la figura mas destacada en toda la comunidad protestante del país.
Y Ezequiel así lo ha asumido y lo ha defendido.
Recuerdo que un primero de enero, teniendo todo el estadio completamente abarrotado, dieron una oportunidad al ministro Reynaldo Franco Aquino para que en su condición de presidente de la Confraternidad Evangélica Dominicana (CODUE) diera una salutación al pueblo.
El reverendo Aquino, aprovechando la oportunidad, sacó un papel del bolsillo del traje y, sorpresivamente, fijo una posición sobre los problemas políticos, sociales y económicos que vivía el país en el momento en nombre de la CODUE.
El acto molestó enormemente al pastor Ezequiel Molina Rosario.
Al día siguiente, en todos los medios de comunicación del país lo que apareció en primera plana fue la posición fijada por CODUE en voz de su presidente.
Lo que planteo Ezequiel Molina en su actividad apareció pero en segundo plano en los medios.
Desde entonces la Batalla de la Fe decidió tomar medidas para que algo así no volviera a ocurrir jamás. Ezequiel se tornó celoso de su espacio.
Esto me enseñó la gran lucha de poder que hay en el país por la representación de la comunidad evangélica en general.
Hasta el día de hoy, los evangélicos de República Dominicana no tienen una única representación.
Están organizados por iglesias independientes, afiliadas, confraternidades de pastores, entidades agrupadoras, concilios y ministerios.
Si entre todas estas figuras fuéramos a buscar la que mayor fuerza de representación podría tener, entonces diríamos que los concilios. Y dentro de los concilios el que mayor presencia tiene el en país.
En este caso sería el Concilio Evangélico de las Asambleas de Dios. Esta organización tiene presencia en todos los rincones del país a través de unas seis mil congregaciones, colegios, centros médicos y comunitarios. De igual manera su membresía debe andar por las 300 mil personas (en realidad no hay informaciones oficiales sobre su composición y alcance en el país actualmente).
Después de las Asambleas de Dios le sigue la Iglesia de Dios y así sucesivamente.
Dos entidades que se han creado a los fines de una representación masiva son CODUE y la Mesa del Diálogo.
Sin embargo, estas dos entidades tienen una agrupación solo nominal, no en término de poder de movilización.
De hecho, su existencia no se mantiene de forma propia sino que ambas son alimentadas gruesamente por los recursos del Estado Dominicano.
Pero esto es algo difícil de demostrar porque CODUE no publica en ninguna parte la cantidad de recursos económicos que se le transfieren desde las arcas del Gobierno. No hay base documental accesible.
En el 2020 el Gobierno transfirió ocho millones de pesos a la Mesa del Diálogo. Esta asignación formó parte de los casi 68 millones de pesos que el Estado Dominicano dio a unas 96 organizaciones evangélicas del país.
Los jefes de cada una de estas instituciones devengan una asignación que llega hasta los 200 mil pesos mensuales.
Esto indica que es muy difícil que exista una representación mano libre del pueblo evangélico ante las instancias del Gobierno. El control del Estado es obvio. Y esto se hace mucho mas fuerte si se suma el elemento exoneración de vehículos y otros renglones.
La llamada representación mas bien es un recurso que usan los lideres de arriba para hacerse notar ante el Gobierno y los partidos políticos y sus altos dirigentes.
Aparte del narigoneo que tienen el Gobierno y los políticos sobre los lideres evangélicos, está el fenómeno de que los evangélicos son tan diversos en sus vidas privadas como todos los demás ciudadanos. Y el otro gran elemento es que los creyentes se agrupan y responden solo por motivaciones espirituales, no política ni de acción social.
La mejor prueba es que el primero de enero ya lo han convertido en un acto tradicional de gozo espiritual. La mayoría de los que acuden a ese encuentro son hermanos humildes deseosos de adorar a Dios y expresar su gran fe de forma unida y publica.
Si tratan de convocarlos para otra cosa, de seguro que el estadio quedaría vacío.
Las únicas veces que los estadios de República Dominicana se han llenado de evangélicos, es el primero de enero y cuando los han invitado a un encuentro de movimiento devocional fuerte con la predicación de la Palabra.
Fuera de ahí, los evangélicos no corren tras otra cosa ni escuchan a nadie.
Y lo mismo aplica para unas elecciones políticas. No hay solo líder evangélico ni institución en el país que tenga el poder de llevar a un creyente a votar por un candidato solo porque se lo digan. Cada uno hace lo suyo propio y busca lo que le conviene.
Los evangélicos son unidos en Cristo, pero divididos en la vida personal y privada. Y cada institución e iglesia hace lo suyo propio.

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